El Elefante Que Quería Bañarse Solo

El elefante que quería bañarse solo

Había una vez un elefante llamado Trompita que vivía en la selva con su familia y sus amigos. Trompita era un elefante muy curioso y aventurero, le gustaba explorar nuevos lugares y aprender cosas nuevas. Pero había algo que no le gustaba: bañarse con los demás elefantes.

Trompita pensaba que bañarse con los demás era aburrido y molesto, porque siempre habían muchos elefantes, ruido y mucho barro. Él prefería bañarse solo, en un lugar tranquilo y limpio, donde pudiera relajarse y disfrutar del agua.

Un día, Trompita decidió que iba a buscar un lugar así para bañarse. Se levantó temprano, antes de que los demás elefantes se despertaran, y se fue de la manada. Caminó por la selva, siguiendo el curso de un río, hasta que encontró un lugar que le pareció perfecto: una cascada cristalina que formaba una piscina natural rodeada de flores y árboles.

Trompita se acercó a la cascada y se metió en el agua. Se sintió muy feliz, porque el agua estaba fresca y limpia, y nadie lo molestaba. Se puso a jugar con el agua, salpicando, buceando y haciendo burbujas. Se dijo a sí mismo que ese era el mejor baño de su vida.

Pero lo que Trompita no sabía era que ese lugar no era tan seguro como él creía. Cerca de la cascada, había una cueva donde vivía un león muy malvado y hambriento, que estaba al acecho de su próxima presa. El león oyó el ruido que hacía Trompita en el agua, y se acercó sigilosamente a la orilla.

Cuando Trompita salió del agua para secarse con su trompa, se encontró cara a cara con el león, que le rugió ferozmente. Trompita se asustó mucho, y trató de escapar, pero el león fue más rápido y lo atrapó por una pata.

  • ¡Suéltame! ¡Suéltame! – gritó Trompita.
  • ¡No te suelto! ¡Eres mi almuerzo! – dijo el león.

Trompita se dio cuenta que estaba en un grave peligro, y se arrepintió de haberse alejado de su familia y sus amigos. Pensó que si hubiera estado con ellos, el león no se habría atrevido a atacarlo, porque los elefantes eran más fuertes cuando estaban juntos. Pero ahora estaba solo, y nadie podía ayudarlo.

O eso creía él.

Lo que Trompita tampoco sabía era que su familia y sus amigos lo habían echado de menos cuando se despertaron, y habían salido a buscarlo por la selva. Siguiendo sus huellas, llegaron hasta la cascada donde estaba el león. Al ver la escena, se pusieron muy furiosos, y cargaron contra el león con sus trompas y sus colmillos.

El león soltó a Trompita y trató de defenderse, pero no pudo contra tantos elefantes enfadados. Así que decidió huir de la cueva, dejando a Trompita libre.

Trompita se sintió muy aliviado y agradecido, y abrazó a su familia y sus amigos. Ellos le preguntaron por qué se había ido solo a bañarse, y él les contó lo que había pasado.

  • Lo siento mucho – dijo Trompita – Fue un error. Pensé que bañarme solo era mejor, pero me equivoqué. Ahora sé que es mejor estar acompañado ante las adversidades, y que en la vida nunca estamos solos.
  • No te preocupes – le dijeron los demás elefantes – Todos cometemos errores alguna vez. Lo importante es aprender de ellos. Y nosotros siempre estaremos contigo para apoyarte y protegerte.
  • Gracias – dijo Trompita – Los quiero mucho.

Y así fue como Trompita aprendió una valiosa lección: que bañarse con los demás no era tan malo, sino que era una forma de compartir y de cuidarse unos a otros. Desde ese día, Trompita nunca más se bañó solo, sino que lo hizo con su familia y amigos, y se divirtió mucho más.

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