Mariposa Triste

La mariposa triste

En un jardín había una mariposa que se llamaba Magenta, de color purpura con manchas blancas y con unas alas muy bonitas. Le gustaba volar libremente, libando el néctar de las flores y admirando los colores del arco iris.

Pero Magenta no era feliz. A pesar de su belleza y su libertad, ella añoraba el tiempo en que era una oruga. Recordaba con nostalgia cómo se arrastraba por las hojas, cómo se alimentaba de ellas y cómo se sentía protegida por su capullo.

Magenta pensaba que la vida de una oruga era mucho mejor que la de una mariposa. No tenía que preocuparse por los depredadores, ni por el viento, ni por el frío. Podía comer todo lo que quisiera y dormir todo lo que necesitara. No tenía que esforzarse por nada, ni arriesgarse por nada. Quería volver a ser oruga, pero no sabía cómo hacerlo. Un día, se encontró con una anciana mariposa que se llamaba Lepi. Era de color gris con manchas negras y tenía unas alas muy gastadas. Le contó su problema y le pidió consejo.

Lepi la escuchó con atención y le dijo:

  • Magenta, entiendo tu tristeza, pero no puedes volver a ser oruga. Esa etapa de tu vida ya pasó y no se puede repetir. Tienes que aceptar lo que eres ahora y disfrutar de lo que tienes ahora.
  • Pero yo no quiero ser mariposa -protestó Magenta-. No me gusta esta vida. Es muy difícil y peligrosa. Quiero ser oruga otra vez.
  • Magenta, no seas necia -replicó Lepi-. Ser mariposa es un regalo. Tienes la oportunidad de ver el mundo desde el cielo, de sentir el sol en tu piel, de oler las fragancias de las flores, de conocer a otros seres maravillosos. Ser mariposa es una aventura. Tienes que aprovecharla y aprender de ella.
  • ¿Aprender qué? -preguntó Magenta-.
  • Aprender a vivir el presente -respondió Lepi-. El pasado ya no existe y el futuro es incierto. Lo único que tienes es el aquí y el ahora. No pierdas el tiempo lamentándote por lo que fue o deseando lo que no es. Vive cada momento con intensidad y alegría.
  • ¿Y cómo hago eso? -preguntó Magenta-.
  • Haciendo lo que te gusta -explicó Lepi-. Busca aquello que te hace feliz y hazlo con pasión. Explora tu entorno, descubre nuevas cosas, expresa tu creatividad, comparte tu amor. No te limites por el miedo o la duda. Sé tú misma y sé libre.
  • ¿Y si me equivoco? ¿Y si me lastimo? ¿Y si me pierdo? -temió Magenta-.
  • No te preocupes por eso -tranquilizó Lepi-. Los errores son parte del aprendizaje, las heridas son parte del crecimiento, las pérdidas son parte del cambio. Todo tiene un sentido y un propósito. Todo te ayuda a evolucionar y a madurar.
  • ¿De verdad crees eso? -dudó Magenta-.
  • Sí, lo creo -afirmó Lepi-. Y te lo digo por experiencia propia. Yo también fui una mariposa triste que quería ser oruga. Pero un día me di cuenta que eso era imposible y de que tenía que aceptar mi realidad. Entonces empecé a vivir el presente y a disfrutar de mi vida. Y así fue como encontré la felicidad.

Magenta se quedó pensativa y miró a Lepi con admiración. Vio en sus ojos un brillo de sabiduría y en su sonrisa un destello de paz. Se dio cuenta Que Lepi tenía razón y de que ella estaba equivocada.

Magenta decidió seguir el consejo de Lepi y cambiar su actitud. Dejó de lamentarse por su pasado y empezó a valorar su presente. Dejó de querer ser oruga y empezó a amar ser mariposa.

Magenta se sintió más feliz y más libre que nunca. Voló por el jardín, libando el néctar de las flores y admirando los colores del arco iris. Y se encontró con otras mariposas que se convirtieron en sus amigas. vivió una vida plena y feliz. Y cuando llegó el momento de partir, lo hizo con gratitud y serenidad.

  • Magenta logró entender que los cambios son inevitables y que hay que adaptarse para poder continuar con éxito, así que vivió su vida con la seguridad que ser mariposa es un regalo.

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