La Niña De Los Hombros

La niña de los hombros

Sofi era la menor de cinco hermanos que vivían en una casa humilde en las afueras de la ciudad. Su padre trabajaba como vigilante y su madre se ocupaba de las tareas del hogar y de cuidar a los niños. A Sofi le gustaba mucho ir al colegio, donde aprendía a leer y a escribir, y jugar con sus amigos en el recreo. Pero lo que más le gustaba era cuando su padre la llevaba a pasear montada en sus hombros.

Para Sofi, ir en los hombros de su padre era como ir en un carro que no tenían. Se sentía alta y poderosa, podía ver todo lo que pasaba a su alrededor, sentía el viento en su cara y el calor de la espalda de su padre. Mientras iba en los hombros, su padre le contaba historias de cuando él era niño, le contaba historias de las calles y de los edificios, le hacía preguntas sobre lo que había aprendido en el colegio. Sofi se reía y le respondía con entusiasmo, y le hacía preguntas a su vez sobre todo lo que veía.

A veces, su padre la llevaba al mercado, donde le compraba una fruta o un dulce, y le dejaba elegir algo para llevar a casa. Otras veces, la llevaba al cine, donde veían películas de aventuras o de dibujos animados, y compartían unas palomitas. Y otras veces, la llevaba al parque de atracciones, donde se subían a la rueda de la fortuna, al carrusel o al trenecito, y se divertían como nunca.

Sofi era muy feliz cuando iba en los hombros de su padre. No le importaba que su casa fuera pequeña y vieja, que su ropa fuera usada y remendada, o que no tuvieran muchas cosas. Lo único que le importaba era estar con su padre, que la quería y la cuidaba, y que la hacía sentir especial. Sofi sabía que su padre trabajaba mucho para mantener a la familia, y que no siempre podía llevarla a pasear. Por eso, cada vez que lo hacía, lo agradecía con un beso y un abrazo, y le decía que lo amaba.

Sofi era la niña de los hombros, y su padre era el mejor padre del mundo.

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3 comentarios

  1. ¡Hermoso!Ese es el gran valor de un “momento” Puede ser breve, fugaz, pero al mismo tiempo eterno en la mente y el corazón. De los mejores regalos que la vida nos da y a veces, hasta sin darnos cuenta.

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